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El blanco también es una opción

blancoEn WhatsApp anda circulando una cadena que, aprovechando una escena de una de las películas de Batman en la que sale Danny de Vito encarnando al pingüino, se hace una parodia algo vulgar, pero efectista, llamando a votar en blanco ante la desilusión por la clase política y la campante corrupción que los permea y nos tiene arruinados y desesperados.

El común de la gente ha convertido la abstención en una forma de protesta pasiva y silenciosa ante la falta de candidatos que los ilusione y colme, así sea en mínima manera, sus expectativas.

Esa abstención se hace más patente en estas elecciones al Congreso que en las presidenciales. La Misión de Observación Electoral (MOE), en un interesante libro que analiza los resultados electorales del 2014 denuncia que la participación para esos comicios fue del 44 por ciento. Es decir, hubo una abstención del 56 por ciento. Una barbaridad, porque nos dice, simplemente, que el Congreso de la República es elegido por una minoría.

La abstención es una plaga que se presenta en todas las elecciones en todos los países del mundo, con honrosas excepciones por los países nórdicos, por ejemplo. Sin embargo, Colombia puede estar en el poco edificante club de los países con más alta abstención, hecho que no deja bien parada la construcción de nuestra democracia.

Ahora bien, el dato más relevante del estudio de la MOE, es que en esas referidas elecciones un total de 1’472.273 ciudadanos en el Senado y 1’750.071 en la Cámara, insertaron en la urnas votos nulos. Es decir, participaron pero no eligieron.

Pero la cosa se pone más negra si leemos que el porcentaje de ciudadanos que participaron pero no eligieron, entre votos nulos, no marcados y en blanco, se sube a un desastroso 23,4 por ciento de los votos en el Senado y 21,41 por ciento en la Cámara.

Miren, en plata blanca, a los políticos tradicionales y a los corruptos les beneficia enormemente la abstención. Como ustedes observan claramente en las cifras que nos muestra la MOE, sencillamente el cociente y el residuo se reducen y con pocos votos se elige un senador o un representante.

Pero el otro veneno es que el voto nulo o no marcado, no se cuenta. Por el contrario, el voto en blanco sí, en consecuencia, suma y aumenta la cifra repartidora incidiendo en el cociente, que se toma para decidir con cuántos votos sale elegido un “padre de la patria”.

¿Pero qué produce tantos votos nulos en Colombia? Es una pregunta que alguien nos debería responder, específicamente las autoridades electorales, quienes para eso están. Nosotros nos aventuramos a plantear algunas posibles respuestas. Por un lado, es una gran bofetada en la cara de la Registraduría Nacional, la entidad que por ley es la encargada, no solo de organizar los comicios, sino de hacer pedagogía en la población sobre cómo ejercer su derecho al voto. Esa pedagogía, a juzgar por los resultados, claramente está fallando.

Pero muchos nos podrían controvertir en que esos votos nulos o no marcados pueden ser igualmente una manifestación de protesta de aquellos que se toman el trabajo de participar, pero no encuentran en ninguno de los candidatos, alguno que responda a sus sentidas necesidades y lo quieran convertir en su vocero político.

El que vota en blanco, por el contrario, claramente tiene una cultura política que la expresa en una protesta de rechazo a los candidatos presentados y sus propuestas, votando en blanco. Es decir participa y elige.

Elige no elegir a ninguno de los candidatos en contienda, pero su voto se cuenta y tan válida es su propuesta que, incluso, nuestro marco legal contempla que si, hipotética y lejanamente, en una elección llegara a ganar el voto en blanco, la elección habría que repetirse con la particularidad que ninguno de los candidatos que hubiera participado en esa elección podría presentarse de nuevo.

Por eso figura en el tarjetón. Es válido, se cuenta y es un pilar de cualquier democracia como una manifestación legítima y verificable de protesta. Que los políticos lo desprecien, minimicen y no le den ninguna importancia y las autoridades les hagan igualmente el juego, es otro problema

¿Utópico? Quizás. Muchos consideraron utópica la primavera árabe, pero en Túnez acabaron con un régimen corrupto y establecieron una democracia que lucha contra viento y marea por mantenerse. Utópicos también han sido la gran mayoría de los líderes y visionarios que han marcado, cambiado y mejorado nuestro mundo. U.G.O

Acerca AJRamírez

Empecé en la fotografía como una afición y hoy es una pasión. Eso de que “una imagen vale más que mil palabras” no es para mi un cliché, sino una permanente constatación de vida. También me encargo de las investigaciones en el periódico buscando encontrar siempre el justo equilibrio entre lo que le interesa a nuestros lectores y lo que nos repugna como comunicadores. Director de Inventigaciones Periódico elector ajramirez@periodicoelector.com ajramirez.prensa@gmail.com

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