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123 por los bandidos

Hay un juego infantil en completo desuso por las nuevas generaciones, que las viejas llamábamos “Las escondidas”. En cada ronda había un perdedor que contaba hasta 100 mientras sus demás compañeros se escondían. Cuando descubría alguno antes que llegara a la zona neutra que le daba inmunidad, gritaba tocándola “123 por fulano… o zutano… o mengarejo”, hasta el último, aunque era el primero quien le tocaba el “castigo” de volver a contar y buscar.

El símil me cae perfecto para ilustrar lo que está sucediendo con el Número Único de Seguridad y Emergencia (NUSE), conocido popularmente en el país como 123 por los dígitos que se tienen que marcar para su uso.

Aunque su implementación está aprobada desde hace 10 años en el país, en Cundinamarca es un bebé de escasos añitos de vida. Tan pocos y poco conocidos que este mes fue reinaugurado por el gobernador Jorge Rey.

¿Sabe usted qué es el 911?

El número único de emergencia es una extraordinaria herramienta que conocemos más por las series y películas norteamericanas presentadas en nuestra patria, que por el uso propio que hayamos hecho de ella. ¿Quién no conoce aquí qué significa el 911? Para los despistados, no es un código erótico numérico.

En Cundinamarca, el 123 es algo más que un número de atención telefónica de emergencias. Es también una herramienta digital, única en Colombia, en Latinoamérica y en buena parte del mundo, incluido el desarrollado.

La aplicación gratuita que se consigue tanto en Android como en IOS (es decir, en las tiendas Play Store y App Store) fue diseñada totalmente por ingenieros y programadores al servicio exclusivo de la Gobernación.

Su descarga es bastante elemental. No requiere de ningún conocimiento especial y se baja tan fácil como cualquier otra App que esté utilizando en su celular. Lo único es que necesita registrarse y eso implica informar sus datos personales; pero ellos gozan de la especial protección de la ley para evitar caer en manos equivocadas o en usos no autorizados. Ahora, si lo que le preocupa es que lo identifiquen, entonces anda en malos pasos y esta App no es para usted sino contra usted.

Hecha para Dummies

Una vez ha sido recibido y autorizado por el sistema, cuando la use por primera vez va encontrar una pantalla como le ilustramos, desplegándose, por defecto, en primer lugar el botón de pánico. Si por algún evento, lo clickea sin darse cuenta, dispondrá de algunos segundos para detenerlo y evitar un pedido de ayuda accidental.

En la línea de arriba observará tres casillas. La de “auxilio” o botón de pánico ya comentado; otra que se identifica como “caso” y una tercera que se llama “ayuda”. Esta última le permitirá descargar en PDF un manual de utilización del servicio propio para “Dummies”. Le recomiendo que lo descargue y lo lea detenidamente, antes de cualquier cosa.

La ventaja de la herramienta digital respecto de la telefónica es que, teniendo en cuenta que actualmente hay más celulares en Colombia que líneas fijas, en donde más se nota el uso de este mecanismo de comunicación es en el campo o en zonas apartadas o de difícil acceso.

Sin ir más lejos, hablando de la reciente emergencia por la avalancha de Gachetá, la tragedia se conoció primero a través del 123 de Cundinamarca que por los recursos del pueblo, que queda a pocos kilómetros del lugar del desprendimiento.

La aplicación cubre todo el territorio

Andrés Tovar
Andrés Tovar-Secretario de las TIC

La red digital por la que se comunica el aplicativo cubre los 116 municipios del departamento, incluidas veredas, corregimientos e inspecciones; hasta en el más apartado rincón de Cundinamarca podrá utilizarla sin dificultades. Ese es el compromiso de los responsables del sistema y usted será el garante de que ello sea así.

Otra de las ventajas del recurso digital, en relación con el telefónico, es que evita mayormente los “falsos positivos”. Sin embargo, cuando se diseñó el número único de emergencias en el país, los genios que lo planearon no cayeron en cuenta de un pequeñito detalle. Para ese momento ya operaba la telefonía celular en el país y todas las empresas móviles utilizaban un número único para dar el servicio del buzón de voz: *123.

El asterisco, si usted no lo tiene registrado por defecto en el celular o en sus contactos, se esconde como infantil bromista y está ocasionando uno de los mayores problemas con el que se enfrenta la plataforma de emergencia, no solo en nuestra región sino en todo el país.

Los bromistas y despistados, que se lo piensen

Pág. 6y7 123 descarga ayudaEn el último reporte que se facilitó a la prensa, los responsables del sistema en nuestro departamento, denuncian que un 24 por ciento de las llamadas generadas al NUSE son por bromas de mal gusto o marcaciones accidentales e incorrectas del número 123.

Incluso, si se llegara a aplicar rigurosamente el nuevo Código de Policía, que castiga con la mayor multa de 786 mil 880 pesos tales comportamientos, los recaudos por tal concepto serían absolutamente millonarios. En lo que va corrido del año, por bromas ya se han generado 10 mil millones de pesos. Y por llamadas incorrectas otros 32 mil millones de pesos.

Los estúpidos bromistas, incluso los incautos que marcan por error, aunque cuelguen con la velocidad del rayo, no saben que todo, absolutamente todo, ya está geolocalizado y queda grabado automáticamente en cuanto el celular o el teléfono fijo empiezan a marcar en el sistema.

Como los mosqueteros: todos para una

Pág. 6y7 123 botón de pánicoEl otro milagro que está logrando el 123 es conseguir articular integralmente a todas las autoridades del departamento. Por lo menos esa fue la impresión que nos quedó con los funcionarios de la Secretaría de Gobierno y de las TIC, después de las entrevistas para el presente informe.

La tarea que tienen por delante estas secretarías con el resto de autoridades de Policía (civiles que tienen constitucional y legalmente funciones de Policía) es que entiendan su rol, su labor y su compromiso en los problemas que afectan al ciudadano y que se expresan a través de las llamadas que entran al NUSE.

Uno de los altos funcionarios entrevistados expresaba, casi como un grito adolorido: “nosotros tenemos funciones pero no funcionarios”. Otro contextualizaba la problemática: “cómo hacemos para que el resto de las instituciones se sumen a la respuesta que nos permita tener acciones contundentes. Cómo articular al resto de profesionales para atender en directo, para que nosotros podamos identificar el caso, sobre todo el caso recurrente que es el que termina en delito” -nos dice; -y agrega. “la pirámide es identificar una conducta incívica para que no escale. Para que una violencia intrafamiliar no termine en feminicidio o una intolerancia entre vecinos, en una riña o incluso en un homicidio.”

El mayor problema es la falta de policías

El éxito del 123 depende de incontables variables. Una importantísima, y bien específica, es el pie de fuerza policial. Andrés Nieto, consultor internacional y asesor de la Secretaría de Gobierno, nos lo explica claramente: “Colombia tiene un déficit de policías muy importante. En el país falta el 42 por ciento de policías para poder cubrirlo.

“El promedio de Naciones Unidas para que un país esté seguro es de 326 policías por cada 100 mil habitantes, más 20 que sean administrativos. ¿Por qué los administrativos? Porque entre los policías nos hacen cuentas del que está en la recepción, el que recibe la demanda, el que saca las copias, el que hace el aseo. Entonces aquí nos están quitando 10 policías.

“Ningún departamento del país está preparado en este momento para un proceso de esta magnitud. Lo que le dijimos a la Policía es que en este momento nos faltan 3.050 policías para complementar los 7.900 que Naciones Unidas nos pide para llenar el estándar internacional.”

A ver se los explico, porque yo también me pegué una gran confundida y me tocó pedirle a Nieto explicaciones posteriores. Según las estadísticas que maneja Andrés, facilitadas por autoridades responsables como el Dane, el Grupo de Talento Humano de Cundinamarca, comparativos publicados por la revista Semana y datos del propio director de la Policía, nuestro departamento tiene 2’762.784 habitantes y un pie de fuerza policial de 4.850 unidades; y eso, gracias a que la Gobernación, sencillamente, se ha dedicado a construir infraestructura policial, que después compromete al alto mando a llenar; de lo contrario, la situación sería más grave.

Uno por cada mil

Eso quiere decir, en buen romance, que actualmente tenemos 175 policías por cada 100 mil habitantes o lo que es lo mismo, 1 policía por cada mil habitantes (sí, uno por cada 1.000). De modo que andamos muy lejos del estándar internacional.

Si nos comparamos con algunas ciudades del país, la sorpresa puede ser desconcertante. Por ejemplo, Bucaramanga, que tiene apenas 500 mil habitantes, cuenta con 600 policías por cada 100 mil. Tunja y Popayán tienen la misma proporción aún cuando la primera posee 195 mil habitantes y la segunda apenas la supera con 282 mil.

Ahora, si nos comparamos con el estándar internacional la cosa se pone más dura. Argentina, por ejemplo, tiene 749 policías por cada 100 mil personas. Uruguay, país bien pequeño, cuenta con 809; y Perú 353. Incluso, el diminuto Salvador posee 343. Colombia, en cambio, tiene 367 policías en el promedio general; pero ya han visto las desigualdades que se producen entre ciudades capitales, para no hablar de los departamentos.

Y los auxiliares no ayudan

Si volvemos al 123, que es ahora la herramienta fundamental, parte del Sistema de Información y Monitoreo de Violencias en Cundinamarca (Simovic), otro de los problemas que han detectado los funcionarios de la Gobernación es el comportamiento del personal policial. Yo lo viví personalmente con una emergencia que tuve en diciembre pasado y que mejor ni les cuento para no aburrirlos con esas actuaciones, que seguramente muchos también han sufrido.

Lo peor es que cuando el ingeniero jefe del 123 invitó a la Capitana (de cuyo nombre no quiero acordarme) Comandante del destacamento que recibe las llamadas, a participar en la reunión, lo único que hizo con su proceder arrogante, déspota y displicente, fue confirmar los mayores temores.

Yo les cuento cómo funciona y ustedes saquen sus propias conclusiones. El personal que recibe las llamadas está integrado por auxiliares de Policía (bachilleres recién egresados) que están prestando el servicio militar obligatorio en la institución. En consecuencia, su servicio es de un año, del que hay que descontar tres meses que dura su formación policial y técnica en el caso de su destino como recepcionistas de llamadas de emergencia.

Cuando se vuelven expertos, se van

“Cada 9 meses se rotan”, -nos confirma un funcionario de la Gobernación. “Se toma una curva de aprendizaje, se les enseña, aprenden, y cuando ya son expertos, se van. Acabaron su servicio, y volvemos y empezamos.” Pero mientras aprenden, las deficiencias en la prestación del servicio pueden ser notorias -acotamos nosotros.

“Por eso es que la parte fundamental de este proceso es que se profesionalice con personal de la Gobernación la atención al ciudadano.” -nos responde, sin medias tintas, el funcionario.

Para hablarlo sin matices, la idea es que todos quienes recepcionen llamadas sean parte de un personal pago por la Gobernación de Cundinamarca, con la camiseta puesta, la sensibilidad adecuada; pero, sobre todo, la preparación profesional y la continuidad que merece un servicio tan vital para erradicar las conductas nada cívicas de nuestro departamento y los delitos que se generan en el mismo.

A pesar de todo, las noticias son buenas

Y a propósito de eso, me quiero despedir con una fabulosa noticia. Según fuentes de la Policía Nacional, durante el año 2016, 58 municipios de nuestro departamento, es decir, en el 50 por ciento del total de nuestro territorio, no se produjo ni un solo homicidio, que es la conducta más alarmante del actuar social.

Como si fuera poco -y bien difícil de superar-, en estos dos primeros meses del año, no se ha presentado ni un solo homicidio en 97 municipios de 116 que tenemos. Es decir, el 83,62 por ciento de nuestro territorio está libre de hechos luctuosos por actuar violento.

Creo que muy pocos departamentos, por no decir que ningún otro, pueden exhibir semejantes estadísticas. Desafortunadamente, la noticia ha tenido poca o nula exposición en los grandes medios nacionales.

Por Olinto Uribe Guzmán  dirección@periodicoelector.com

Acerca olinto uribe

Soy un escribidor de la vieja época, con aficiones tecnológicas de la nueva. Creo rabiosamente, en la independencia del periodismo y en el compromiso y deber social que tenemos por construir una mejor sociedad. Actualmente soy Director Editorial del periódico pero, títulos aparte, me enorgullece pertenecer a un pequeño grupo de soñadores convencidos que, parodiando a García Márquez, todos los seres debemos tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

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