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Que los juguetes sexuales no se vuelvan un problema de salud

Pág. 11 1 La historia que les voy a contar parece más salida de la imaginación de un escritor de temas eróticos que un hecho auténtico vivido en carne propia. Pero, créanme, nada de lo que escribo en estas columnas son invenciones traídas para entretener.

Llevaba poco tiempo de casado y un buen día descubrí, sin querer, un juguete erótico en la mesita de noche de mi mujer. Era un respetable consolador con forma de calabacín, de color piel y material plástico duro y resistente.

Le pregunté con la mayor inocencia a mi esposa quién le había regalado el juguetico y si sabía para qué servía. “No recuerdo quién me lo regaló y es un vibrador para darse masajes en el cuerpo”, –me contestó con absoluta naturalidad y mayor candidez todavía.

Yo devolví el juguete a su lugar y ahí permaneció largos años, durante los cuales, de vez en cuando, veía a mi mujer darse masajes con el aparato por brazos, cuello y otras partes del cuerpo. Jamás se me ocurrió deshonrar tanta ingenuidad.

Un buen día, el juguete nunca más apareció. Algún desaprensivo familiar se enamoró y se lo guardó en su cartera sin decir “esta boca es mía”.

Los dildos, una cuestión seria

Estas historias podían suceder hace cuarenta años. Hoy es impensable. Lo que sí puede ser moneda corriente es que las parejas se ayuden en su sexualidad con vibradores y otros juguetes eróticos.

Eso sí, los benditos dildos vienen en todas las formas, materiales y colores, aunque, por excelencia, un dildo es “un juguete sexual con forma cilíndrica y terminación semiesférica, creado con el fin de auto satisfacción sexual y emocional.”

Establecido que puede hacer parte de nuestro arsenal casero cotidiano –y no precisamente para darse masajes en el cuerpo–, más vale que lo tratemos con las debidas precauciones sanitarias para que no se convierta en un problema de salud, que no solo nos mande al médico sino, eventualmente, hasta el hospital.

Lo primero que debemos aprender, porque seguramente lo estamos haciendo mal, es educarnos en lavarlos correctamente.

Como si de un biberón se tratara

Como si de una jeringa o de un biberón de bebé se tratara, hay que hervirlos meticulosamente hasta desinfectarlos. Un experto Gineco-obstetra recomienda utilizar espumas desinfectantes, como las que muchas jovencitas ya llevan en su cartera, de uso corriente para desinfectarse las manos.

La desinfección es para un uso único. Eso quiere decir que si usted lo metió en alguna parte del cuerpo debe desinfectarlo nuevamente antes de introducirlo en otro lado, propio o ajeno. Y si por alguna razón olvida tomar esta precaución, será mejor que lo piense para que el ratico de placer no se le convierta en un tortuoso y permanente andar médico.

Los materiales de los juguetes eróticos están muy lejos de ser los de mi época. Hoy, que a todo le meten ciencia, están fabricados con los mejores materiales para darnos plena sensación de placer, así como una absoluta seguridad biológica, ecológica y en general, sanitaria.

El material preferido de fabricación es la silicona, aunque también los hacen con un producto conocido como “gelatina de goma”, que proviene de los “Ftalatos”, un químico que se le añade al plástico para darle mayor flexibilidad, al que –por cierto– la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard tiene identificado como contaminante del medio ambiente.

Del agua, aléjame señor

Los siliconados, por el contrario, son biocompatibles, impermeables al agua y, en consonancia, resistentes a bacterias y hongos. Es importante guardarlos en sus estuches individuales, lavados y bien secos. Igualmente, pese a que muchos son impermeables, algunos se utilizan con baterías, por lo que no es muy aconsejable utilizarlos en la piscina o en la bañera.

Dos recomendaciones finales. El dildo no es nada más ni nada menos, que un sucedáneo del pené. Y aunque sea un elemento aparentemente inerte, de uso personal e intransferible, si no queremos tener sorpresas desagradables, nuestra recomendación es que, como cualquier pene que se respete, lo proteja con un preservativo.

Estudios han demostrado que estos aparatos, como quiera que tengan contacto con nuestros fluidos, “pueden contagiar enfermedades de transmisión sexual como la clamidia, la sífilis, el herpes, la hepatitis B, C o VIH, si entra en contacto con la sangre”. Incluso, pueden convertirse en eventuales portadores del VPH (Virus del Papiloma Humano).

Que no es un juego

La segunda es que, a pesar de que intenta simular el pene, no lo es; de modo que engrasarlo con un lubricante a base de agua le dará mayores satisfacciones a su pareja o a usted mismo. Expertos aconsejan no utilizar aceites de masaje con base mineral porque, aunque resbalan maravillosamente, terminan alterando la flora vaginal o anal, con la consiguiente predisposición a crear diferentes tipos de infecciones.

Como ven, utilizar dildos u otros artilugios para nuestra satisfacción sexual, no es precisamente un juego. Será mejor que se lo tome en serio, para que los cachivaches y el intenso placer que le produzcan, no le salga costoso.

Acerca AJRamírez

Empecé en la fotografía como una afición y hoy es una pasión. Eso de que “una imagen vale más que mil palabras” no es para mi un cliché, sino una permanente constatación de vida. También me encargo de las investigaciones en el periódico buscando encontrar siempre el justo equilibrio entre lo que le interesa a nuestros lectores y lo que nos repugna como comunicadores. Director de Inventigaciones Periódico elector ajramirez@periodicoelector.com ajramirez.prensa@gmail.com

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