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Cruel y mágica, así es la historia del Magdalena y sus pescadores

Pág. 7 ríoLos pescadores de Cundinamarca han logrado establecer un diálogo con el río que pocos son capaces de entender; sin embargo, esta relación paso a paso se ha desgastado. Los peces ya no llenan las redes y en el río los niveles de agua son cada vez más volátiles. La Gobernación les quiere ayudar a remar.

Aunque el Magdalena recorre el país de sur a norte, en Cundinamarca sus aguas parecen adornar las riberas como no lo hacen en otros puertos del país. Aquí se combina la ancestralidad, la cultura y la belleza de la naturaleza, en un equilibrio perfecto desde el cual se han formado algunos municipios del departamento.

Los pueblos bañados por el río son en su mayoría pesqueros, escritores por generaciones de una historia engalanada en la tradición de un oficio, que poco a poco se acerca a la extinción.

Ya no se vive. Se sobrevive

La pesca artesanal en el departamento tiene tanta antigüedad como sus territorios. La práctica de este oficio hace parte de su idiosincrasia mientras ha forjado su base económica para permitir comunidades que son una sola con el agua y la naturaleza. El municipio de Guataquí cumple 473 años desde su fundación y hace más de un siglo que la familia de Amparo Molina Escobar practica la pesca como única forma de sobrevivir.

“Yo sé pescar, sé tejer la red, sé hacer de todo lo que me pongan, porque llevo más de 60 años pescando”, nos comenta Amparo, una mujer empoderada, presidenta de Asopescagua, la sociedad de pescadores de Guataquí. Y aunque ya pasa sus 70 años, continúa con el oficio de toda la vida. A orillas del Magdalena, bajo la sombra de los grandes árboles de mangos donde están atadas las canoas de los guataquiseños, Molina cuenta cómo son las mujeres, las que recorren en canoa el río para vender su pescado en Girardot, pues en este oficio no importa si se es hombre o mujer, el río no diferencia género.

La vida de estos pescadores ha dependido siempre del río, de la subienda, del tamaño de las truchas, los viudos y el capaz.

Pág. 7 pescador 2Gerónimo Mendoza, es otro pescador de 45 años que nunca aprendió a escribir, pero al que tampoco le quedó grande el Magdalena. Con el tiempo ha transformado su modo de sobrevivir; los peces son cada vez más escasos y pequeños, las subiendas más esporádicas y el oficio al que dedicó su vida se ha convertido en una actividad que la escasez y la edad ya no toleran. El río ha cambiado y solo él, criado en sus aguas, puede explicar el desazón que produce dedicarse a algo más que no sea vender su pescado.

Los millones que no saben contar

Estos hombres y mujeres llevan navegando el Magdalena desde antes que el mundo los reconociera. Sin embargo, les es difícil contabilizar los más de 500 millones de pesos invertidos por la Gobernación de Cundinamarca, pues aprendieron de números contando peces y las grandes cifras solo las entienden si de canecas de pescado les hablan.

Por eso su agradecimiento por las canoas, los motores, los equipos, las neveras y las atarrayas para más de 600 familias, que les fueron entregados hace apenas unos días, no solo es genuino, sino que deja entrever que estaban resignados al olvido estatal y al poco reconocimiento a su labor. Se habían acostumbrado a ser llamados los depredadores del río y a no contar con más que su esperanza para seguir viviendo de la pesca.

Gilberto Jiménez nació y se crió a orillas del Magdalena; desde que recuerda ha sido pescador. Hace mucho tiempo que por aquí nadie se interesaba en nosotros, pocos gobernadores se habían fijado en los pescadores”, cuenta. Y es que don Gilberto ha sabido de los gobiernos que han pasado por el departamento en los cerca de 70 años que lleva de vida y pocos como él saben cuán inclemente es el río cuando con remos se debe ir de un lado a otro, buscando peces que sean aptos para la venta, para el sustento y para pagar las herramientas que antes no tenía.

“Son $5.000 lo que hay que pagar por el alquiler de una canoa, y consiga o no consiga pescado, igual toca pagarlos. Por eso es que uno agradece, porque no solo ahorramos con estas nuevas canoas, sino que también nos ayuda a no matarnos tanto con esos remos”, relata.

Desde Puerto Salgar hasta Ricaurte es posible ver pescadores, en su mayoría veteranos, arrojando sus redes al agua, esperando atrapar los viudos de capaz para preparar uno de los platos más típicos de la región. Pero cada vez son menos los jóvenes que se atreven a pescar.

Por eso el gobierno departamental, en cabeza de su secretaria de Agricultura, Érika Sabogal, no solo entregó estos implementos para ayudar a los que aún se mantienen de la pesca, sino para contribuir a que esta práctica no desaparezca y que, por el contrario, se fortalezca con el apoyo decidido de un gobernante que a través de hechos concretos ha transformado la vida de estos pescadores de Chaguaní, Guataquí, Puerto Salgar, Ricaurte, Beltrán, Girardot y Guaduas.

Por Laura Natalia Martínez   periodicoelector@gmail.com

Acerca AJRamírez

Empecé en la fotografía como una afición y hoy es una pasión. Eso de que “una imagen vale más que mil palabras” no es para mi un cliché, sino una permanente constatación de vida. También me encargo de las investigaciones en el periódico buscando encontrar siempre el justo equilibrio entre lo que le interesa a nuestros lectores y lo que nos repugna como comunicadores. Director de Inventigaciones Periódico elector ajramirez@periodicoelector.com ajramirez.prensa@gmail.com

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