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En Sopó, el Alcalde vuelve a las viejas y malas mañas

Pág. 8 - Colegio Pablo VI Sopó 01 A la entrada del despacho del Contralor de Cundinamarca, Ricardo López Arévalo, hay un inmenso mural con las huellas de las manos de los 116 alcaldes del departamento. El simbolismo que buscaba López era comprometerlos a mantener sus extremidades lejos de tentaciones que los condujeran a meterlas indebidamente en los caudales públicos. Lo que no sabía es que algunos han hecho de eso toda una profesión.

En la edición número 40 del mes de agosto de 2010, nuestros lectores se sorprendieron con una portada que se titulaba “Escandalosa licitación para espiar ladrones”. En ella, denunciábamos que el alcalde de Sopó había ejecutado una irregular adjudicación en una licitación para comprar unas cámaras de seguridad, 600 veces más costosas que las compradas por los municipios vecinos.

A pesar de las irrefutables pruebas aportadas -y analizadas en nuestra edición- por siete concejales que lo denunciaron, de 13 que tiene la población, William Octavio Venegas Ramírez, alcalde de la época, salió airoso de las “investigaciones” que le hicieron las “ías” (entiéndanse como Procuraduría, Fiscalía y Contraloría).

El mismo con las mismas

Pág. 8 La Armenia de Arriba 01Siete años después -y pasados los cuatro respectivos para hacerle el quite a la norma que prohíbe la reelección continua-, William Octavio volvió a hacerse elegir por el pueblo indolente de Sopó a punta de francachelas y comilonas amenizadas por Silvestre Dangond e importantes orquestas nacionales e internacionales, en un derroche de dinero de inexplicable procedencia y mejores causas.

Pero como el que ha sido, no deja de ser, apenas estrenando la nueva alcaldía, Venegas Ramírez volvió a las andadas.

El anterior alcalde, Jerónimo Valderrama, había detectado una necesidad sentida de su municipio, que consistía en construir unas nuevas, eficientes y modernas instalaciones que permitieran trasladar y albergar la institución educativa conocida como Pablo VI.

Para cumplir el loable objetivo, Valderrama obtuvo autorización del Concejo Municipal para vender una lucrativa propiedad del municipio, que, al parecer, no prestaba la labor social para la cual deben estar las inversiones municipales.

La diferencia del honrado

Pág. 8 y portada - Alcalde de SopóUna vez abultadas las arcas municipales, Valderrama volvió a solicitar autorización del cabildo para invertir parte de ese excedente de tesorería en la compra de un predio acorde con las necesidades físicas de la institución educativa en mención.

Dicho y hecho, el Concejo lo autorizó y el alcalde inició el respectivo procedimiento para lo cual invitó a una convocatoria, con el fin de seleccionar un perito que estableciera el precio de unos lotes, candidatos adecuados para albergar el colegio.

Se presentaron tres, ganó el de la oferta más beneficiosa en precio para los intereses del municipio, rindió el avalúo y cuando se iba a iniciar el proceso de compra, los tiempos no dieron, porque la vigencia del período del alcalde expiró y se vinieron las nuevas elecciones donde ganó Venegas Ramírez.

Aún caliente la silla del despacho, el alcalde Venegas salió calladito -sin decirle nada a nadie, sin pedir autorización del nuevo Concejo y, además, sin convocar licitación de ninguna naturaleza, a pesar de la obligación y los preceptos legales-, a comprar un predio donde albergar el dichoso colegio Pablo VI.

El regalo envenenado

Pero el regalo para el municipio venía envenenado. Cuando los concejales Nilton Martínez Lesmes, Sebastián Gómez y Óscar Javier Velásquez Pinto, se enteraron por los chismes que corrían por el pueblo, la sorpresa no podía ser mayor.

Valga la pena aclarar que Martínez y Velásquez son del Partido Conservador y Gómez del Partido Alianza Verde, por lo que no los une ninguna inclinación ideológica diferente que defender los intereses del pueblo y el menguado presupuesto de un municipio pequeño como Sopó.

Porque como no puede ser de otra manera, ya vemos al alcalde pregonando a los cuatro vientos la manida excusa de que todo es producto de una persecución política en su contra.

En la licitación que organizó Jerónimo Valderrama para escoger el avaluador, como decíamos arriba, participaron tres oferentes, Corporación Avalúos Lonja Inmobiliaria, Luis Eduardo Carvajalino Sánchez y Franklin Manuel Carreño Gamboa. El ganador que se comprometió a avaluar tres predios fue la primera de los nombrados.

Pág. 8 prueba 1    Pág. 8 prueba 2

Con una diferencia de apenas seis meses el avaluador Franklin Manuel Carreño Gamboa pasa de cobrar $9.200.000 a $19.800.000 por el predio “La Armenia de Arriba”

El dedo mayestático

La Lonja Inmobiliaria entregó un pormenorizado informe donde, con todas las fundamentaciones del caso, conceptuaba que el predio identificado catastral y notarialmente como “La Armenia de Arriba”, con una extensión superficiaria de 30 mil metros cuadrados, valía seiscientos quince millones de pesos ($615.000.000).

Menos de un año después, como ya también les habíamos enunciado, Venegas decidió que eso de convocatorias y licitaciones de ley no iba con su estilo. Sin los permisos legales obligatorios, seleccionó a dedo el perito evaluador que le permitiera echar mano del dinero que se estaba pudriendo en el banco sin ninguna utilidad para la comunidad.

El elegido por el dedo mayestático del hidalgo señor Venegas fue Franklin Manuel Carreño Gamboa, uno de los perdedores en la convocatoria de Valderrama. Pero seis meses después la inflación había hecho estragos en sus servicios y de nueve millones doscientos mil ($9.200.000), que había cobrado unos meses antes por evaluar tres predios, se disparó a diecinueve millones ochocientos mil ($19.800.000) por uno solo: “La Armenia de Arriba”.

Pág. 8 Anotación certificado tradicion y libertad lote Sopó Prueba 4

Anotación del certificado de tradición y libertad del lote en mención. Valor: $2.100.000.000

De 615 a 2.100

Yo pienso que el noble y bien intencionado alcalde William Venegas, debió decirse, “eso dejémonos de marrullerías y trabajemos con el que eligió Jerónimo que debió escoger bien”. Solo que había un pequeño detallito inflacionario. Digamos, una nimiedad.

El bendito lote que la Lonja Inmobiliaria había avaluado en unos míseros 615 millones de pesos, se subió a 2.100 millones de pesos, en las responsables manos de Carreño Gamboa. Sí, están leyendo bien… toda esa mano de ceros. Trescientos cuarenta y uno por ciento (341%) más. Es que como recordarán, a Venegas esos porcentajes especulativos le encantan.

Venegas, que siete años antes, en su anterior alcaldía, había aprendido a lidiar con las investigaciones de las “ías”, muy poco le importaba saltarse a la torera los preceptos legales.

Las leyes para violarlas

No solo ‘le importó un comino’ la mano de acuerdos municipales que su Concejo le prohibía (008 de 2012; 017 de 2013; 039 de 2014; 005 de 2016 y 006 de 2016) sino que también parecían importarle poco los decretos nacionales.

Como el vigente 1420 de 1998, expedido por la Presidencia de la República para luchar vanamente contra la corrupción, mediante avalúos como el que nos ocupa, donde una entidad dice una cosa y a los pocos meses otra persona dice algo completamente diferente.

Efectivamente, el Artículo 19 de la mencionada norma dice: “Los avalúos tendrán una vigencia de un (1) año, contados desde la fecha de su expedición o desde aquella en que se decidió la revisión o impugnación.”

La letra muerta

Pero como para que no queden dudas, el parágrafo del Artículo 12 de la misma ley dice: “Dentro del término de la vigencia del avalúo, no se podrá solicitar el mismo avalúo a otra entidad autorizada, salvo cuando haya vencido el plazo legal para elaborar el avalúo contratado.”

Letra muerta para William Venegas y su secretario jurídico, muy abogado, pero, al parecer, simplemente un ‘firmón’ de las decisiones del Alcalde de Sopó.

En fin, todas estas aberraciones políticas y jurídicas, con mucha dificultad las podríamos volver veniales, si el fin último por el que se cometieron, la construcción del colegio Pablo VI se estuvieran cumpliendo. Pero hasta ahí llegó el impulso del Alcalde Venegas. ¿Qué buscaba Venegas comprando en un trescientos cuarenta y un por ciento más un lote para construir un colegio del que no se ha vuelto a hablar más?; es algo que solo unas “ías” limpias y lejanas de cualquier asomo de corrupción, nos deberán responder.

En manos de los buenos

Yo, que conozco personalmente al Contralor de Cundinamarca, confío en que no defraude el simbolismo del mural que él mismo construyó en su oficina. Los antecedentes recientes son pésimos. Conscientes de los riesgos que se corrían en la Contraloría Departamental, los concejales de Sopó presentaron originalmente su denuncia ante la Contraloría General.

Obviamente, por competencia, la central la mandó a la regional. No habían terminado de secarse los sellos del recibido cuando ya el alcalde de Sopó había recibido el “soplo”, a pesar de las reservas legales, de su denuncia.

Como ven, el camino puede ser largo y espinoso. Solo un pueblo consciente de sus deberes y responsabilidades sociales y funcionarios probos y comprometidos con su labor fiscalizadora como los que prometió tener el Contralor Ricardo López Arévalo nos salvará de estos personajes que hacen del ejercicio de la política, una actividad asquerosa

Acerca olinto uribe

Soy un escribidor de la vieja época, con aficiones tecnológicas de la nueva. Creo rabiosamente, en la independencia del periodismo y en el compromiso y deber social que tenemos por construir una mejor sociedad. Actualmente soy Director Editorial del periódico pero, títulos aparte, me enorgullece pertenecer a un pequeño grupo de soñadores convencidos que, parodiando a García Márquez, todos los seres debemos tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

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