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Confesiones de un médico sobre el sistema de salud

Pág. 4 salud 2  Pese a los escándalos en el área de la salud, que abundan en los medios de comunicación, las cifras que presenta el Estado parecen contradecirlo. Y aunque en Colombia se ha logrado ampliar la cobertura a la mayoría de la población, parece haber sido ‘a costillas’ de la calidad en el servicio.

No obstante, son sus opiniones particulares, esta es la confesión de uno de los tantos profesionales en el área de salud, que parece reflejar el sentir de muchos médicos y miles de usuarios.

Ampliar la cobertura universal es una labor importante para el sistema de salud, pero hay que planificarlo mejor. La calidad en el servicio parece haber desmejorado exponencialmente; debido en gran parte a que ha aumentado la demanda pero no la oferta.

Si bien es cierto que hay más pacientes, también lo es que las condiciones de los médicos empeoran. Además, no se cuenta con suficientes especialistas, lo que hace que las consultas tarden hasta seis meses en ser asignadas. El Estado exige que la atención sea garantizada para todos, pero no hay un verdadero apoyo financiero a hospitales y médicos que tienen que invertir en equipos y conocimiento.

Ser médico es un mal negocio

Pág. 4 salud 3Los recursos económicos que invierte un médico para prepararse, especializarse y tomar los cursos de actualización que hay que hacer constantemente no se ven retribuidos en las prestaciones que reciben. Creen que la salud es ilimitada, pero la verdad es que también cuesta.

Los cupos para entrar a las especialidades son reducidos y los precios exageradamente altos; son especializaciones de mucho tiempo y los beneficios no tantos. Por eso, en el país se está dando una fuga de cerebros; muy buenos médicos están prefiriendo especializarse en el exterior y, si pueden, se quedan a trabajar allá.

En Colombia, particularmente, tenemos un problema grave con el régimen contributivo: la pirámide está invertida. Las personas de la base, que se encuentran subsidiadas, son en número muy superior a quienes se encuentran en la punta y que pertenecen al régimen contributivo; los pocos de abajo, en nuestra pirámide invertida, están tratando de subvencionar a los de arriba.

En pocas palabras, el sistema de salud se está volviendo insostenible. Si no encontramos la forma de remediarlo, de fomentar un sistema no igualitario, pero sí equitativo en el que más podamos contribuir, este régimen está condenado al fracaso.

La malicia indígena enemiga de la salud

Pág. 4 salud 4Han existido casos de personas que a pesar de estar en estratos considerados medios, pudiendo pertenecer al régimen contributivo, prefieren quedarse en el Sisbén (para estratos muy bajos); es mejor negocio para ellos; incluso, han llegado a llamarlo el “sueldo del Sisbén”.

Podría decirse que lo que tiene “quebrado” al sistema de salud es la malicia indígena (en todos los niveles). Desde los usuarios hasta el Estado y las EPS tienen responsabilidad en el asunto.

Los tiempos de consulta, por ley, son de 20 minutos. Sin embargo, en su gran mayoría, los prestadores de servicio (IPS) les piden a sus médicos que atiendan 2 o 3 pacientes más durante la hora: lo que ellos llaman las “citas no programadas”. Con esta ‘medida’ se reduce entonces la consulta de 20 a 15 minutos, afectando, tangencialmente, la calidad del servicio al paciente, que, por cierto, ahora se llama usuario.

El secreto está en no enfermarse

Entre las metas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) está la de generar conciencia frente al hecho de que resulta más barato que la gente no se enferme, versus atender enfermos; de tal manera que una de las labores más importantes que hace es la institución es en prevención de la salud.

En este país, por ejemplo, los planes de promoción y prevención se reducen a una serie de carteles que nadie revisa porque, lastimosamente, somos un territorio en el que la lectura ocupa el último de los lugares en la escala de la cultura. Entonces, se le hace creer a la gente que se están ejecutando acciones, cuando la verdad es que la mayoría de las personas no sabemos ni cómo vivir.

Las intervenciones más grandes y notorias en la actualidad las lideran los programas “de cero a siempre”, para menores de 5 años; el de “seguimiento prenatal”, para mujeres embarazadas y el de “crónicos” (hipertensión, diabetes, etc,); pero que realmente cuenten con planes diseñados para que el resto de la gente no se enferme, es una utopía.

Por suerte, últimamente se han fomentado los estilos de vida saludables, enseñándole a la gente cómo vivir mejor y no solo subsistir. Somos un país que, de acuerdo con su alto índice de pobreza y de miseria, está acostumbrado a sobrevivir.

Entonces, los programas de prevención tienen que ser adaptados para todos los niveles socio-económicos. No podemos mandarle una dieta, incluyendo principalmente carne, pollo y pescado, a una mamá que lo único que puede comprar de proteína para su hijo son huevos. Lo ideal sería concientizar a la gente que puede tener calidad de vida dentro de sus posibilidades, así como crear planes alimenticios y programas deportivos para lograrlo.

Por Catalina Uribe catauribes@gmail.com

Acerca olinto uribe

Soy un escribidor de la vieja época, con aficiones tecnológicas de la nueva. Creo rabiosamente, en la independencia del periodismo y en el compromiso y deber social que tenemos por construir una mejor sociedad. Actualmente soy Director Editorial del periódico pero, títulos aparte, me enorgullece pertenecer a un pequeño grupo de soñadores convencidos que, parodiando a García Márquez, todos los seres debemos tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

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