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¿La paz envolatada?

plebiscito-pazEl sábado 10 de diciembre quedó oficialmente investido Juan Manuel Santos como Premio Nobel de Paz 2016, un galardón que puede verse empañado considerablemente en el tiempo y en la historia.

En la historia, porque es la primera vez en la academia sueca del nobel que un premio de paz se entrega a participantes en un conflicto político violento, a una sola de las partes. Todo el mundo ha pasado de agache con el tema por temor a ser señalado como simpatizante de las Farc.

A nosotros el señalamiento nos resbala. Ahí está nuestra historia para desmentirlo y eso es lo único que nos importa. Pero que el gesto es de una mezquindad evidente, nadie con tres dedos en la frente lo dudaría. Porque como en todo enfrentamiento, para pelear se necesitan dos y para hacer las paces, también.

Por lo que supongo que el lobby de Santos para evitar compartir el premio con Timochenko y sentarse a su lado en Oslo (porque el premio se entregó en Noruega aunque todos los demás se entregan en Suecia), fue efectivo.

Pero, lo que realmente nos preocupa es el paso del tiempo. Todo parece indicar que la total implementación de los acuerdos de La Habana se llevará todo el 2017 y quedará muy cerca del debate electoral de ese año, que desde ya se está pronosticando violento.

Uribe, fiel a su conflictiva personalidad, no le va a bajar el tono, ni a la confrontación ni a su idea de derribar lo acordado en La Habana. Sabe que la victoria del NO fue exigua, completamente insuficiente para provocar un sismo político al estilo del Brexit inglés o de Renzi en Italia.

En el Congreso perdió, claramente, al no tener las mayorías que gozó en sus gobiernos. Y en los altos tribunales sus simpatías son escasas, cuando no, nulas.

Por eso, zorro viejo de la política, tiene perfectamente claro que lo único para empañar el legado histórico de su odiado contradictor, el presidente Santos, se circunscribe a ganar, por goleada, las próximas elecciones a la Presidencia de la República.

Santos no se la va a poner fácil, pero es evidente que Uribe goza de un electorado cautivo, disciplinado y poco dado a la abstención, lo que sí pasa, permanentemente, tanto en la izquierda, como en los jóvenes o en sectores más liberales.

Por otro lado, la derecha es monolítica, no necesita tanto discurso para reforzar sus convicciones. A los liberales, a los jóvenes y la izquierda, por el contrario, se les tiene que hacer un extenuante trabajo de convencimiento ideológico, porque las dudas dialécticas son el pan de cada día.

Uribe, claro, está convencido que más tarde o más temprano va a reconquistar el poder. Necesita asegurar un títere que no le salga rana, como el actual Presidente que ayudó a elegir. Varios probados candidatos ya hacen cola.

Pero esa posibilidad es bastante probable en el 2018. Si Uribe regresa al poder, por interpuesta persona, no creo que a nadie le quede ninguna duda que dinamitará los acuerdos de La Habana, por muy blindados que estén jurídicamente.

El senador y expresidente ya ha demostrado suficientemente que en la aplicación de la ley tiene un criterio bastante sesgado, más propio de las monarquías absolutistas de los siglos XVII y XVIII que de las democracias modernas.

En ese entorno, que no quiero poner apocalíptico, pero sí posible, las probabilidades de que se vuelva a la guerra son reales. De por sí, las Farc y otros movimientos sociales piensan que se está repitiendo la historia de exterminio que sufrió la Unión Patriótica en los años 80 y que lanzó por los aires el incipiente proceso de paz que se adelantaba con Belisario Betancur.

De modo que Juan Manuel Santos está peligrosamente corriendo el riesgo de pasar a la historia por ser el único Premio Nobel cuya paz no se logró. Ojalá estemos totalmente equivocados. U.G.O.

Acerca olinto uribe

Soy un escribidor de la vieja época, con aficiones tecnológicas de la nueva. Creo rabiosamente, en la independencia del periodismo y en el compromiso y deber social que tenemos por construir una mejor sociedad. Actualmente soy Director Editorial del periódico pero, títulos aparte, me enorgullece pertenecer a un pequeño grupo de soñadores convencidos que, parodiando a García Márquez, todos los seres debemos tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

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