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Cundinamarca entre los más seguros del país

Coronel Chavarro
Prudente, muy prudente; diligente, experimentado y reflexivo, así es el Coronel Edwin Chavarro, el hombre que cree en la paz y que mantiene a Cundinamarca entre los tres departamentos más seguros del país.

¿Son las cifras coherentes con la realidad?
Comencemos por decir que la afirmación no es mía sino de las autoridades administrativas y policiales del Departamento. Lo que sí vamos a intentar responder es nuestro escéptico interrogante, apoyados en las cifras que provengan de fuentes oficiales confiables y verificables.

Digamos igualmente, para ser fieles a la verdad, que la sensación de Cundinamarca, como un departamento seguro, comenzó desde mucho antes de que se terminara el conflicto armado. La guerrilla estableció, como una prioridad estratégica de sus mandos, tomarse a Bogotá o por lo menos sitiarla de tal manera que pusieran de rodillas a los gobiernos de turno y al Estado de Derecho.

Para comandar esa estrategia pusieron al frente 53 de las Farc, en donde, por sustracción de materia, pronto se hizo notorio Henry Castellanos Garzón, mejor conocido con el sobrenombre de “Romaña”; tristemente célebre, entre otras acciones terroristas, por las llamadas “pescas milagrosas”, que llenaron de zozobra y pavor a todo el que se arriesgara a transitar la carretera entre Bogotá y Villavicencio.

La paz conseguida con las armas
El Ejército y la Policía, conocedores de ese intento desestabilizador, se emplearon a fondo y convirtieron en una prioridad de su lucha anti insurgente evitar el asedio y desterrar a las Farc de Cundinamarca.

De más está decir que el objetivo se cumplió, las Farc no volvieron a hacer presencia significativa en el Departamento y “Romaña” huyó con “el rabo entre las piernas” para destinos más “amables” en el sur del país.

Desde ahí, el Departamento ha sido un remanso de paz, solo estremecido por una delincuencia común de bajo impacto entre las que sobresalen con gran preocupación el homicidio, las lesiones personales y el hurto, en sus diferentes modalidades, según afirmación expresa del coronel Edwin Chavarro, Comandante de la Policía de Cundinamarca.

Más preparado que un yogur
El Coronel Edwin Chavarro Rojas es, relativamente, un joven oficial superior, cuyo primer destino al frente de un comando de departamento es Cundinamarca. Chavarro es nacido en Florencia, Caquetá y, como dicen las señoras de la alta sociedad, “está más preparado que un yogur”.

“Dentro de sus estudios se resaltan los Derechos Humanos, Inteligencia, Investigación Criminal, operaciones contra el terrorismo y narcotráfico, alta gerencia en administración pública, seguridad pública y negociaciones exitosas de procesos de paz, tomados en diferentes centros académicos a nivel nacional e internacional. Entre estas se destacan el Centro de Estudios Superiores de la Policía Nacional, la Escuela de Policía Judicial de la Policía Nacional, la Academia de Paz de Barcelona (España), la Folke en Suecia, la Escuela de Harvard en Boston Massachusetts y la Universidad Nacional de Defensa del Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa Willian J Perry en Washington, Estados Unidos”,  -se lee en su valiosa hoja de vida.

Uno de sus destinos más destacados en el nivel internacional ha sido comandar la oficina de Policía ante la Europol, que es la agencia europea de Policía. En nuestro país ganó una innegable celebridad por ser uno de los representantes de la fuerza pública en las conversaciones de paz de La Habana.

Bandidos externos
Como ven, en mejores manos no puede estar el Departamento. Cuando se le pone el tema de la seguridad en la región, el Coronel Chavarro busca puntualizar: “En Cundinamarca tenemos un nivel de afectación de culturas criminales externas; por ejemplo, la organización que se metió a la casa de Martha Lucía Ramírez en La Calera, no es de Cundinamarca; es una organización que opera en Bogotá y que se metió a operar también en Chía, Cajicá y Sopó.

“Cuando los capturamos en Bogotá, nos dimos cuenta que vivían en Bosa y en Kennedy, nos dimos cuenta que era una estructura no de Cundinamarca. A nosotros nos toca cargar con delincuentes y criminales que no tienen nada que ver con Cundinamarca, porque en el departamento no hay organizaciones consolidadas.”

Yo le respondería que delincuente es delincuente o apoyado en mi reconocido sarcasmo diría que no les gusta atracar donde viven y prefieren robar en otras vecindades. Pero en fin, mejor analicemos los resultados operativos de su comando, apoyados en el Grupo de Información de Criminalidad (GICRI) de la Dijín, recopilados a 2 de noviembre del presente año.

El listado delictivo
¿A usted no le gustaría saber cuáles son los delitos que más impactan en el Departamento? Según la Policía estos son, en orden alfabético: el abigeato, las amenazas, los delitos sexuales, la extorsión, el homicidio, el homicidio en accidente de tránsito, el hurto a entidades financieras, el hurto a comercios, el hurto a automotores, el hurto a celulares, el hurto a personas, el hurto a residencias, el hurto a motocicletas, la incautación de armas, las lesiones en accidentes de tránsito, las lesiones personales, la piratería terrestre, el secuestro simple/extorsivo y la violencia intrafamiliar.

Aunque hubo una disminución sensible en el hurto a personas, las lesiones personales y la violencia intrafamiliar, es evidente que estos tres delitos son el flagelo más grande que azota a Cundinamarca.

Le siguen después las lesiones en accidente de tránsito, la incautación de armas, los delitos sexuales, las amenazas y los hurtos a celulares, que a pesar de todos los esfuerzos gubernamentales por erradicarlo, sigue disparado y va camino de convertirse en una auténtica plaga.

Delitos camino a la extinción
Como observaran, los delitos típicos de la época conflictiva insurgente, el secuestro simple/extorsivo y la extorsión, prácticamente han desaparecido como un elemento de conmoción social.

El secuestro definitivamente es un desagradable recuerdo del pasado reciente y la extorsión sigue dando pataleos agónicos, seguramente estimulado por sus antiguos ejecutantes que desde la cárcel se niegan a abandonar el lucrativo negocio.

Curiosamente, llama la atención que entre el listado de delitos generales que reporta el GICRI no aparece el narcotráfico así sea en su variante micro. Sin embargo, el Coronel Chavarro reconoce que es una vertiente delincuencial de gran impacto y a la que han golpeado de manera durísima en los últimos dos años, con el desvertebramiento de 299 de grandes estructuras de tráfico de drogas neutralizadas y allanamientos importantes en poblaciones como Soacha, Facatativá, Girardot, Cajicá, Chía y la Calera.

La lista deshonrosa
Pero veamos ahora cómo ha sido el comportamiento particular de algunos delitos. Empecemos por el que más nos impresiona, aunque no sea el más cometido, el homicidio.

Soacha es definitivamente la ciudad que deshonrosamente más aporta en la estadística con el 40 por ciento; por muy poco margen, quiere decir que la mitad de los asesinatos que se suceden en el Departamento se producen en este municipio.

En nueve poblaciones se concentra el 33 por ciento: Girardot con el 9%, Facatativá 7%, Zipaquirá 4%, Fusagasugá 3%, Mosquera 3%, Guaduas 3%, El Colegio 1%, Funza 1%, Madrid 1% y Sibaté 1%.

Aunque el grupo de criminalidad no menciona qué pasa con el 27 por ciento restante para completar el 100, deducimos que debe concentrarse en los otros 100 municipios de nuestra geografía con porcentajes insignificantes, si tenemos en cuenta que los últimos cuatro de los diez primeros manejan una estadística de solo el 1 por ciento.

Horas y armas preferidas
Ahora, los asesinos tienen sus horas. Las doce horas más peligrosas por su actividad son desde la medianoche hasta el mediodía del día siguiente y las armas que prefieren son, en primer lugar, las de fuego, seguida de cuchillos, machetes o todo tipo de armas corto-punzantes.

Los casos de feminicidio en el departamento son muy pocos. Generalmente, los asesinatos se concentran en el género masculino con prevalencia en edades entre los 18 a los 37 años. Lean bien, se cometen en todas las edades, pero en menores de 17 y mayores de 58, por ejemplo, su incidencia es bastante depreciable.

En lesiones personales, el 56% se concentra, en orden de mayor a menor, en estos diez municipios: Soacha, Zipaquirá, Fusagasugá, Facatativá, Chía, Girardot, Mosquera, Villa San Diego (es decir Ubaté), Villeta y Funza. Los otros 100 municipios concentran el 44% en porcentajes altamente minoritarios.

Según el Observatorio de Seguridad y Convivencia de la Secretaría de Gobierno Departamental, los peores días de la semana para que a uno le den una “muenda” que lo mande al hospital, son el sábado y el domingo y las peores horas son de las 12 de la noche a las 6 de la mañana.

Una paliza de puños
Generalmente, la paliza nos la dan con arma contundente, es decir: piedra, palo o cualquier objeto duro que sirva para lastimar; y también a puño limpio, típico del matón abusivo que generalmente actúa en gavilla, pero esto último no lo dice el informe sino es aporte oficioso de quien esto escribe.

El homicidio en accidente de tránsito se lo lleva mayoritariamente, como no podía ser de otra manera, el carro seguido, con menor resultado, por la moto y los días nefastos son el sábado y el domingo.

El hurto a personas ha disminuido en nuestro querido terruño en un 27,57 por ciento, según las cifras de la Dijín. Generalmente, se comete sin empleo de armas; es decir, por idiotas; las horas preferidas de los ‘cacos’ son de la 1 a las 6 de la mañana, cuando se produce el 54,21% de los robos. De las 6 de la mañana a las 12 del día, entran otros ‘chusmeros’ que engrosan la estadística con el 16 por ciento.

Los ladrones se ceban en mayorcitos de 30 a 49 años de edad, quienes que se llevan el 35,58% del registro. El otro grupo importante es de los 19 a los 29 años con el 27,50%. Los municipios donde más lo roban a uno son, de mayor a menor: Soacha, Fusagasugá, Chía, Girardot, Facatativá, Ubaté, Mosquera, Madrid, Funza, Sopó, Cajicá y Cota. Estos 12 municipios se llevan el cien por ciento del censo.

El flagelo que no para de crecer
En hurto a celulares perdemos el año. Este delito ha aumentado el 67 por ciento en el último año. Los pícaros no dejan títere con cabeza, pero se fijan sobre todo en los despistados de 19 a 30 años. Los más desconfiados y difíciles de robar son los “catanos” de 51 a 70 años, seguidos de los niños hasta los 18 años. Tampoco tienen hora en especial, pero la más preferida parece ser de 6 de la mañana a 12 del día según el Observatorio de Seguridad y Convivencia.

Otro delito de trascendencia social importante, por la fragilidad en la que nos deja, es el hurto a residencias; y al Departamento no le va nada bien porque en este último año aumentó en un escandaloso 91,5 por ciento.

Según la Dijín, el aumento de forma alarmante fue sobre todo en los municipios de Soacha, Mosquera, Facatativá y Apulo. 10 municipios de Cundinamarca acaparan el 64 por ciento de los casos. De mayor a menor son: Soacha, La Mesa, Mosquera, Facatativá, Fusagasugá, Anapoima, Apulo, Chía, Girardot y Funza. También es un delito que se comete mayoritariamente sin armas.

Estos desgraciados no tienen ni horas ni días de descanso, pero tienen una ligera preferencia por el martes, los jueves y viernes, desde las 6:00 de la tarde hasta las 6:00 de la mañana, que acapara el 55 por ciento de los casos. En el 45 por ciento restante “trabajan” de 6:00 de la mañana a 6:00 de la tarde.

Este sí mejora
En cambio, el hurto a vehículos ha disminuido ligeramente con un 20,4 por ciento en el presente año. Según la Dijín, mejor no sacar el carro los miércoles, porque es el día preferido de los “jaladores”. La hora de las 12:00 de la noche a las 5:00 de la mañana es una de las preferidas, seguida de las 11:00 de la mañana a las 3:00 de la tarde. Entre las dos franjas horarias concentran el 50,93% de los casos.

Soacha y Girardot son campo abonado para el robo de motocicletas. Soacha, claro está, se lleva las palmas con un 39% de los casos. Girardot le sigue bastante lejos con el 9,7%. Un delito más que se realiza mayoritariamente sin empleo de armas. De 6:00 de la tarde a 12:00 de la noche es mejor que no le quite el ojo a su pequeño vehículo, si no quiere terminar volviendo a coger bus.

De exhibición pública
Por último, hablemos de la aberrante violencia intrafamiliar, en donde Cundinamarca solo le está aportando el 4 por ciento de los casos al país. La ciudad que gana por goleada es Soacha seguida, bastante lejos, por Fusagasugá, Facatativá, Zipaquirá, Girardot, Mosquera, Chía, Cogua, Ubaté y Villeta.

El domingo, entre las 12:00 de la noche y las 6:00 de la mañana, será mejor que le pida a un familiar que le dé cobijo. Para el maltratador tampoco hay días de descanso, pero el viernes, seguramente vísperas de alegre “tomata” con los parceros, es el día de menor actividad “boxeril” con sus “seres queridos” (menos mal que los quiere).

En este delito el arma preferida es también el palo y el puño, pero, curiosamente, según el análisis del Observatorio, el lugar preferido de ocurrencia es en la vía pública. La curiosidad es porque uno se imaginaría que el maltratador prefiere la intimidad de su casa para convertir a su mujer o a los suyos en bolsa de boxeo, pero no, le gusta la exhibición pública de sus dotes de ruin macho atrabiliario con los más débiles.

Como ven, muy poco, o nada, se menciona uno de los flagelos que mayor sensación de inseguridad genera como es el microtráfico. Será porque con las sentencias “revolucionarias” de la Corte Constitucional sobre el uso de la dosis personal -que puede ir desde unos pocos gramos hasta auténticos cargamentos- los dientes de la Policía Nacional están fracturados y no prestan ningún servicio ni para masticar.

La solución no es tan difícil
El Coronel Chavarro lo tiene claro: “Hay municipios donde la percepción de seguridad no ha mejorado porque hay consumidores de drogas y los consumidores de drogas generan percepción de inseguridad.

“Pero el Código dice que el Alcalde debe implementar unos centros de atención para el consumidor de droga. Y no lo han implementado, por ejemplo.

“El problema del consumidor no es una solución policial. La ley trae la solución. Se deben crear los centros de atención donde se le aplique una intervención en tres fases. En la primera, se desintóxica; en la segunda, se interviene sicológicamente, y en la tercera, se reintegra a la comunidad.”

Bonitas palabras para una solución sencilla. El problema es que a los años de estudio del Coronel Chavarro se enfrenta la realidad política de un país tan corrupto como el nuestro. Para los alcaldes, un consumidor no produce votos, tampoco buenos contratos de los cuales pelechar.

Es apenas un fastidioso problema social. ¿Y quién dijo que los alcaldes están para eso? Quizás en Dinamarca, pero no en Cundinamarca.

Por Olinto Uribe Guzmán    oluribe@gmail.com

Acerca olinto uribe

Soy un escribidor de la vieja época, con aficiones tecnológicas de la nueva. Creo rabiosamente, en la independencia del periodismo y en el compromiso y deber social que tenemos por construir una mejor sociedad. Actualmente soy Director Editorial del periódico pero, títulos aparte, me enorgullece pertenecer a un pequeño grupo de soñadores convencidos que, parodiando a García Márquez, todos los seres debemos tener una segunda oportunidad sobre la tierra.

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